Susana Dahl Vélez y Alexander Urdaneta Viloria

HEIDI LLANES
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REVISTA NOVIAS
| Lun, 10/23/2017 - 17:35

Organizada, espontánea y alegre, demasiado alegre, así se puede definir a esta novia, quien planeó su boda bajo sus condiciones, pero cediendo un poco ante los deseos de su mamá María Teresa Vélez, quien quería organizar un enlace de ensueño para la mayor de sus dos hijas.

Susana y Alexander se conocieron en Bogotá mientras ella adelantaba sus estudios de Ingeniería Industrial, profesión que comparten, en una salida de amigos en común, quienes se encargaron de presentarlos. Advierte que de inmediato hubo un “click” entre ellos, pues al siguiente día conoció al papá y a los quince días ya eran novios, todo fluyó en un proceso natural, sin presiones, lo que le dio a entender que ese era el hombre con quien compartiría su vida.

Tres años y medio le dieron el espacio para conocerse y Alexander, quien es venezolano, se trasladó a Cartagena para afianzar su parte laboral mientras Susana culminaba su carrera y regresaba, pues si bien Bogotá era de su agrado, sabía que a Cartagena regresaría para vivir.

Cuando ya se vislumbraba el grado de Susi, Alex planeó un viaje a Río de Janeiro, el objetivo era hacerle entrega del anillo en medio de un ambiente diferente, ella por su parte empezó a sospechar que algo preparaba su novio en “complicidad” con su mamá, pues se considera muy analítica y ellos al parecer fueron muy evidentes.

El viaje se efectuó y Alex, que no sabe mentir se enredaba cada vez que intentaba buscar el anillo, por su parte María Teresa en Cartagena esperaba con ansias la foto que le indicara que todo había salido conforme a lo planeado.

La víspera del regreso no había indicios, pero sólo porque no se había presentado la oportunidad y Susana llegó a pensar que se había ilusionado con algo que no iba a suceder al menos en ese viaje, mientras María Teresa creía que habían peleado, cuando a las once de la noche Alex aprovechó y en medio de la mejor vista carioca le pidió a su novia que cerrara los ojos y se diera vuelta, para entregarle en medio de lágrimas que se casara con él.

Acto seguido, la foto para la ansiosa mamá en Cartagena, quien no dudó en replicarla a través de las redes sociales a familiares y amigos, los mismos que un año después integrarían esa divertida fiesta que selló el amor entre esta pareja.

Planear la boda no fue fácil, indica Susana, quien creía que aún no estaba lista en lo que a estabilidad profesional se refiere, aunque Alex ya tenía todo organizado y su nueva vida laboral ya tenía un soporte para emprender de la mejor manera la personal.

Susana soñaba que en su boda estaría acompañada por la familia y sus amigos más cercanos, más los invitados de Alex, todo esto en la playa, de una forma sencilla, a tal punto que pudiera estar descalza, pero no contaba con las ideas de su mamá, quien es tan popular y amiguera, que no podía dejar pasar inadvertida la boda de su primera hija.

En medio de los preparativos, afirma Susana, llegaron a acuerdos de parte y parte, inicialmente dijo que se casaría en tenis, trescientas personas y en la playa, pero luego entendió que en septiembre es factible que llueva, por lo que el primer ajuste fue realizarlo en el Club Cartagena.

Todo empezó a cambiar con la lista de invitados, que cada día aumentaba y que María Teresa no pretendía disminuir, pues a consideración de su hija, es tan popular, que tiene grupo del “parque”, del “ascensor”, de “tomar el café”, de “ver el atardecer”, entre otros, por los que nadie podía faltar, al final, los invitados fueron 560.

Antes habían pasado por el tema del vestido, la idea era hacer el viaje a Miami y escogerlo en medio de un programa dispuesto con mamá y amigas incluidas, pero Susana no accedió y la opción más cercana era en la ciudad y advirtiendo que no quería un atuendo pomposo estilo princesa.

Acompañada por su mejor amiga, la abuela y la mamá, visitó la tienda donde se dispuso de nueve vestidos en donde podía estar el elegido, no contando con el décimo que no se había incluido y que a la postre resultó ser el ideal. Los zapatos si fueron unos tenis recamados con mucho brillo.

Con respecto a la decoración, su prima Milena Villadiego se encargó de recrear ese ambiente natural que pudo apreciarse con mucho verde, luces y algo de azul navy, simulando la playa que no pudo ser el escenario de la fiesta. El recuerdo para la posteridad se inmortalizó en el lente del fotógrafo Andrés Espinosa.

A Susana no le gusta ser el centro de atención, pero si pensó en homenajear a su novio en medio de la fiesta, quien además sólo tenía 30 invitados venidos de Venezuela, fue así como planearon en compañía de la familia de él un show con la coreografía bien organizada, donde ella entró bailando y lo involucran envolviéndolo en la bandera de su país, haciendo un momento muy emotivo.

La salida de la novia y sus damas fue desde su casa, convertida en un improvisado lugar de maquillaje y vestuario, siendo Carlos Jorge Dahl, su papá, el que se paseaba de un lugar a otro con un vaso de whisky en las manos, por eso dice que de allí salió “prendido” a entregar a su hija en la Iglesia Santo Toribio.

La fiesta se extendió hasta la mañana siguiente y todos disfrutaron al máximo con la música de la orquesta de Fausto Chatela, Pargo Projet, Dj Maciá y un grupo de Son Cubano que alegró el instante de la comida.

La luna de miel se llevó a cabo en Italia, para donde partieron dos días después, luego de haber estrenado su nueva casa al salir de la fiesta. El recorrido incluyó La Toscana, Chianti, Florencia, Roma, la isla de Cerdeña y Capri, donde Alex perdió el anillo de bodas al bucear. Ahora él dice de manera jocosa que sellaron su amor por siempre en esa isla frente a la casa de Louis Vuitton.

Susana indica que las novias deben gozar la fiesta de principio a fin, es su día, hasta el momento de las fotos y el protocolo puede ser divertido, no hay espacio para aburrirse, pues marca un antes y un después en la vida de una mujer.

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